• marzo 19, 2018

Chile y Argentina son países con larga tradición como productores de vinos, y como en todo orden de cosas, es natural que surja algún tipo de rivalidad, que puede ser provechosa mientras sea una sana competencia por elevar la calidad, sin caer en chovinismos trasnochados.

Hace poco (y no es primera vez que sucede), se armó una polémica en redes sociales cuando el crítico inglés Tim Atkin insinuó que Chile debería olvidarse de producir malbec, porque esa cepa alcanza su mayor potencial en Argentina.

Nadie pone en discusión que el país trasandino elabora grandes vinos con esa variedad (que le han dado fama mundial), pero Chile, aunque con una producción muchísimo menor, tampoco lo hace mal. De hecho, hay parras centenarias de esa cepa que entregan vinos que, trabajados de la manera adecuada, pueden ser superlativos.

Para darle más sazón a la polémica, el crítico James Suckling acaba de darle 100 puntos a Neyen Espíritu de Apalta Malbec Limited Edition 2016, del valle de Colchagua. Un tinto chileno del que dice: “Nunca he probado un vino como este en toda mi vida”.

Fuera de esto, Suckling mantiene su entusiasmo por los vinos chilenos en su último reporte de 2018. “Desde reconocidos grandes productores hasta pequeños enólogos de bodegas garage, las posibilidades de calidad en Chile parecen infinitas”.

Sin embargo, también hay aspectos por mejorar. Según el experto, los errores más comunes son cosechar la uva demasiado tarde, lo que da vinos con sabores de mermelada, y usar mucho roble en vinos de estructura modesta. Sería difícil no estar de acuerdo.

La nota de Suckling puede leerse acá https://www.jamessuckling.com/wine-tasting-reports/chile-2018-shows-limitless-quality/