A tres meses de haber estallado, la disputa dentro de la familia Calderón pasa por su momento más complejo. Verónica (43), la única hija del fundador de Ripley, insiste en que en 2011 sus tres hermanos mayores disminuyeron su participación a sus espaldas. Ellos sostienen que la decisión fue impulsada por el padre y suscrita por todos. Tras tener acceso a los documentos en disputa, Capital cuenta la historia de la menor del clan y de cómo decidió demandar a Lázaro, Andrés y Michel.

  • junio 21, 2018
Ilustración: Ignacio Schiefelbein

A través de cartas escritas de puño y letra, videos y audios de WhatsApp Patricia Volochinsky Pimsteim (77) y su marido, el empresario Alberto Calderón Crispín (82), han intentado, infructuosamente, que su única hija mujer, Verónica (43), ponga fin a la demanda que hace tres meses interpuso contra sus tres hermanos mayores Andrés, Lázaro y Michel, por haber disminuido de 13,25% a 7,9% su participación de empresas Ripley, el año 2011. Entre los cuatro suman el 53% de la propiedad de Ripley Corp, pero tras el cambio, los hombres se quedaron con un 15,03% cada uno.

Los tres Calderón atesoran una serie de mensajes privados para demostrar que sus padres los apoyan, y que es Verónica la que está equivocada. Capital tuvo acceso a dichas misivas y grabaciones, a través de las que los padres le insisten a ella que “pare”, que son sus hermanos quienes han trabajado y hecho crecer la empresa (valorizada en 1.300 millones de dólares) y que, por lo tanto, son ellos quienes merecen tener más participación. “Si no fuera por ellos, nos habríamos quedado con una puerta en Huérfanos y nada más”, indica la matriarca en una carta.

A principios de marzo, la profesional presentó una medida prejudicial en contra de sus tres hermanos. Tras ello, interpuso una demanda y acciones indemnizatorias. Se estima que el perjuicio que reclama alcanza los 120 millones de dólares.

Desde entonces, la batalla lejos de calmarse, solo ha escalado. La distancia se ha agudizado y ambos bandos se han fortalecido con la asesoría de expertos. Verónica reclutó al penalista Juan Pablo Hermosilla y recibe los consejos de la abogada Gracia Tomic y de la tributarista Gracia Curtze; mientras que los otros cinco integrantes de la familia están siendo asesorados legalmente por Pedro Pablo Gutiérrez y, comunicacionalmente, por el periodista Felipe Edwards, socio de Azerta y quien se dedica a manejo de crisis. Contactaron además al penalista Jorge Bofill: anticipan que la pelea recién empieza y prefieren estar preparados a cuando esta empeore.

Consultado por Capital, Gutiérrez, quien especifica que habla a nombre de Alberto Calderón, Patricia Volochinsky, y sus tres hijos, señaló que: “Desconocer acuerdos vinculantes firmados hace más de siete años es improcedente y denota que estamos frente a un conflicto totalmente artificial”.
Por parte de la publicista creen que esto “solo es la punta del iceberg de algo más profundo”.

La niña

Alberto Calderón y Patricia Volochinsky tuvieron tres hijos hombres seguidos: Andrés (57), Lázaro (54) y Michel (50). Siete años después nació Verónica Berta, quien, según las personas que conocen a la familia, era “muy protegida y regalona de sus padres, más aún de su mamá. Todos decían que era la niña de sus ojos”. Desde muy chica ayudaba a su madre a preparar los banquetes que solía cocinar y ofrecer en las fiestas que organizaba en su casa en Camino La Fuente, Las Condes. Con sus hermanos, dicen, Verónica tenía una relación correcta, aunque debido a la diferencia de años, nunca fue demasiado cercana.

Verónica estudió en el Santiago College, sus hermanos son ex alumnos de The Grange, y al egresar, ella se matriculó en Publicidad en la Universidad del Pacífico. En esos años fue cuando conoció al ingeniero civil Christian Vidal, quien, por su parte, heredó de su padre las peluquerías Joaquín Vidal. Antes de casarse con él, estuvo de novia dos veces, una de ellas con el periodista Rodrigo Guendelman.

En el escrito judicial, la publicista habla de que en su familia “existía la creencia de que los hijos hombres debían hacerse cargo de los negocios, mientras que las mujeres –mi madre y yo–, debían encargarse de la familia. Por ello es que mi padre y mi tío Maxo (Marcelo Calderón), desde que mis hermanos eran muy pequeños, los involucraron en los negocios familiares. Confiaban absolutamente en ellos”.

Actualmente Andrés está a cargo de Aventura Plaza, filial de Ripley que tiene negocios inmobiliarios en Perú, Lázaro es gerente general de Ripley y Michel es el vicepresidente de la empresa, que tiene a Felipe Lamarca como presidente y a Laurence Golborne, entre otros, como director.

Los Calderón Volochisnky son conocidos en la colonia judía. Desde ahí explican que en esa familia la figura del patriarca era fuerte, y que como en varias de la época, los hombres eran quienes llevaban el control. La razón de esto, dicen, está en los orígenes: los Calderón son sefardíes, rama de judíos que proviene del mundo árabe, a diferencia de los askenazi, que son los que llegaron de Europa. “Los sefardíes tienden a tener una figura patriarcal fuerte”, aseguran. “Pero eso no es sinónimo de machismo. Ella nunca demostró interés en participar, y Ripley es una empresa donde las mujeres ejecutivas sí participan y sí hay presencia femenina en el directorio”, aclaran desde la firma que tiene a Verónica Edwards y a Deborah Calderón Kohn (hija de Maxo) en la mesa.

Los conocidos de Verónica cuentan que tras egresar, en 1997, entró a Ripley. Ahí primero hizo un trainee y luego se le asignó un cargo en el área de compras. “No tenía un puesto relevante ni de toma de decisiones. Pero participaba y aportaba en esa área”, aclaran. Una amiga complementa: “Ella debía viajar, pero sus hermanos nunca la dejaron. Lo pasó muy mal y prefirió renunciar”. La otra versión asegura que ella nunca se comprometió y al poco tiempo optó por irse.

Su madre también trabajó en la empresa. En una de las cartas a través de las que se ha comunicado con su hija estos meses, le recuerda los primeros años de Ripley, cuando la iba a buscar al colegio en las tardes y el resto del tiempo lo dedicaba a preparar la colección infantil del holding.

En 2004, y tras contraer matrimonio con Vidal, se trasladaron a Estados Unidos. Los primeros años vivieron en un departamento en el Upper East Side, en Manhattan. Él trabajaba como ejecutivo del banco francés BNP Paribas y ella estudiaba pastelería en un instituto especializado. Una vez que nacieron los primeros hijos –hoy tienen cinco en total, dos pares de mellizos y sus edades van de los 9 a 12 años–, se trasladaron a una vivienda más grande en un edificio del sector sur de la Gran Manzana. Según apunta Verónica en la demanda, el año 2007 volvieron a Chile luego de que su padre le ofreciera a su marido hacerse cargo del family office de los Calderón Volochinsky. Sin embargo, aquello no prosperó.

“Al llegar su primer día de trabajo, mi hermano Michel le dijo a mi marido que mi padre no tenía ningún tipo de injerencia en las decisiones empresariales, y que no había cargo disponible para él. Al poco tiempo, regresamos a Estados Unidos”. Ella misma explica ahí que desde el año 2000, su padre cedió todo su poder a sus hijos.

De esta tesis, Andrés, Lázaro y Michel difieren. Un asesor explica que el puesto nunca se le ofreció, pues ese trabajo no existió, y que por lo demás, cuando los Calderón Vidal llegaron a Chile, sus cuñados los apoyaron con capital en dos emprendimientos financieros que armó aquí entre el 2008 y 2009, y en los cuales Verónica fue socia y directora: el primero de ellos fue Excel Capital, y el segundo, Forex Capital Markets. En el primero tuvo como socio a Patricio Roncagliolo (hoy ejecutivo de Itaú).
En ambos les fue mal y en 2010 volvieron a Nueva York. Esta vez se instalaron en una casa que construyeron en Connecticut y que hoy ofrecen en arriendo.

Primeras dudas

La tormenta que hoy sacude a la familia Calderón empezó a fines del año 2016. Verónica pasaba por un momento familiar complejo, pensaba separarse y su plan de venirse a vivir a Chile tomó fuerza. Entonces se preocupó de su situación financiera. “Nunca se había hecho cargo de sus platas, jamás estuvo metida en los negocios familiares. Sus tres hermanos le administraban sus cosas. Y ella nunca los cuestionó. No estaba bien visto que se metiera”, cuenta una amiga de su infancia. Contactó a un abogado cercano a la familia, Alex Fisher, y aclaró con él algunas dudas tributarias. Otras más específicas no pudo, pues el jurista requería autorización de todo el grupo.

Ya instalada en Santiago, investigó en profundidad sobre su patrimonio: qué tenía, qué y cuánto podría invertir. En esto, los consejos que llegaron de su amiga Gracia Tomic, abogada y ex compañera de colegio, fueron clave.

“¿Te parece normal que yo no tenga casa propia (hoy arrienda un departamento en Las Condes) y que, a simple vista, mis hermanos tengan mejor situación que yo?”, le preguntó Verónica a la jurista. “No”, le contestó ella. “¿Qué tengo que hacer para conocer mis derechos?”, le preguntó a la experta. Ella le recomendó hablar con los abogados de la familia, Octavio Bofill y Juan Pablo Matus, este último del estudio Cariola. “Eres una de las dueñas de Ripley, debes tener buen patrimonio”, le indicó Tomic.
Verónica Calderón se contactó con ellos para aclarar sus dudas. “Le dieron respuestas evasivas, todo era raro, todo era ambiguo”, explica alguien que ha estado con ella estos días.

Gracia Tomic investigó sus sociedades y su situación financiera. En mayo del 2017 se dio cuenta de que, según informaba la Memoria de Ripley, la Superintendencia de Valores y Seguros y el Conservador de Bienes y Raíces, el porcentaje de su amiga había sido diluido. “¿Sabes que tienes menos porcentaje que tus hermanos?”, le preguntó a Verónica. “Imposible”, le respondió la mujer sorprendida. En ese momento, cuentan, entendió por qué los abogados no tomaban en cuenta las dudas que ella les habría planteado.
Se juntó con su hermano Michel, quien le pidió que asistiera al encuentro sin la abogada. Ahí él le aseguró que desconocía el asunto, que les preguntara a Lázaro y a Octavio Bofill.

Versiones enfrentadas

Verónica quiso aclarar el asunto de primera fuente. En agosto se dirigió a la casa de su padre para hablar con él. Ahí le contó lo que había averiguado. Según la versión del entorno de la publicista, la respuesta del patriarca habría sido: “No, Verónica, por petición mía, todo está dividido en cuatro partes iguales”.

La versión de los hermanos Calderón se contrapone totalmente a esta. Según cuentan sus asesores, el año 2011 todos juntos acordaron cambiar la participación de la sociedad: aumentar la de quienes habían trabajado en la firma y, por ende, disminuir la de quienes no habían ejercido un rol en ella. “Todos accedieron voluntariamente”, indican cercanos a esta historia. En esto, fueron asesorados por el equipo de Cariola.

Revista Capital revisó el documento, y constató que en él está grabada su huella y consentimiento. Del lado de Verónica explican que ella firmaba y firmaba papeles cada vez que ponía un pie en Chile, y no tenía idea de qué se trataban. “Confiaba a ojos cerrados en sus hermanos”, insisten.

Según el escrito presentado por Verónica Calderón en el año 2011, ella y sus hermanos en una primera operación solicitaron cada uno un préstamo por cerca de 10 millones de pesos. Cada uno inyectó dicho dinero en calidad de préstamos a la sociedad International Funds S.A, otra de las empresas controladoras de Ripley Corp. S.A.

La operación se habría realizado para asegurar el control de la familia Calderón Volochinsky en la compañía. Pero Verónica Calderón acusa que dicho esquema, habría sido instrumental para que sus hermanos diluyeran su participación en Inversiones Leonardo Da Vinci e indirectamente en Ripley Corp. S.A.

¿Acuerdo?

En total, las partes se han reunido nueve veces. Y todo indica que el acuerdo está lejos de llegar. Por ello, en marzo, Verónica contrató al abogado Juan Pablo Hermosilla (quien años antes había asesorado a su tío Marcelo). Además, cuenta con el apoyo de Gracia Tomic y Michel Clement, ex gerente de marketing de Ripley, con quien hoy sostiene una relación cercana. Sus hermanos, por su parte, pidieron la asesoría de Pedro Pablo Gutiérrez, Jorge Bofill y del periodista Felipe Edwards.

En marzo, la pelea se hizo pública en un medio y los padres enviaron una carta a La Tercera, en la que aseguran que “nuestra hija está equivocada, esperamos de corazón que recapacite. Lo que reclama fue impulsado por su padre y firmado por todos”. Ella retrucó aludiendo a que ellos, debido a su avanzada edad, están siendo manipulados.

A pesar del enfrentamiento y versiones disímiles, por el lado de los hombres y los padres dicen que están dispuestos a buscar un tipo de acuerdo con tal que la pelea no escale más. “Aunque creen que la forma en que ha procedido Verónica no es la correcta, que ella no es víctima y que por algo están padre y madre alineados con los hijos, sí notan que detrás de esto hay una molestia y sensación de injusticia de Verónica. Y, a pesar de las diferencias, esa es una situación que están dispuestos a remediar”, indica un asesor del grupo.

Para ello, inevitablemente, todas las partes deberán ceder en algo su posición. Esto, aseguran, recién comienza.

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El tío “Maxo”

En los años 50 Marcelo Calderón creó Ripley. Era una pequeña tienda de vestir, emplazada en Huérfanos, cuyos referentes de la época eran las tiendas Michaeli y Guendelman.

Para explicar la situación que hoy enfrentan, Verónica Calderón se remonta a esos años. En el texto ella parte hablando de Marcelo, el hermano mayor de su padre, quien murió en 2015 y el cual era conocido por ser el cerebro del holding. “En el año 1956 mi tío, Maxo Calderón Crispín, invita a mi padre, Alberto Calderón Crispín, a participar en un incipiente negocio textil, que años más tarde se convertiría en lo que actualmente es Ripley”. Cuenta ahí que después de la apertura en bolsa del año 2005, el 85% de la participación de Ripley Corp S.A. quedó en manos de Unversiones R Limitada y Compañía en Comandita por acciones, en la cual participaban las dos ramas de la familia Calderón en partes iguales: los Calderón Kohon, conformadas por sus tres hijas, y la familia Calderón Volochinsky. Por su parte, explica a modo de contexto, la familia Calderón Kohon, además era accionista mayoritaria de la compañía Johnson, otra conocida empresa de retail.

Y continúa: “Mi tío Maxo a lo largo de toda su vida tuvo una relación muy cercana con mis tres hermanos. (…) Desde que eran chicos, siempre los alentó a involucrarse en los negocios de la familia, con la esperanza de que en el futuro ellos se hicieran cargo. En particular tenía cercanía con Lázaro, a quien formó en aras de que en un futuro fuera su sucesor en la administración de Ripley Corp S.A.”.

“Con el tiempo, y a medida que mis hermanos fueron creciendo, mi padre, que confiaba ciegamente en ellos, les delegó absolutamente el control de las sociedades de la familia Calderón Volochinsky. Al asumir el control, mis hermanos tuvieron plenas facultades y poderes para decidir y ejecutar lo que ellos estimaron conveniente”, indica en las páginas. Entre el año 2004 y el 2010, dice, ellos crearon varias sociedades holding de Ripley Corp S.A., las cuales pertenecían exclusivamente a la familia Calderón Volochinsky. “Los cuatro hermanos participábamos en partes iguales, pero solo Andrés, Lázaro y Michel las administraban, y continúan haciéndolo”, aclara.

El relato sigue. Explica que cerca del año 2008, Johnson enfrentó una grave situación económica. “Las sociedades del grupo Ripley, en que ambas familias participábamos, le prestaron ayuda financiera. La situación fue empeorando, y para evitar la quiebra, mi tío Maxo solicitó una vez más ayuda financiera a las empresas. Según se me ha informado, en esa ocasión mis hermanos tomaron la decisión de no seguir prestando apoyo financiero a mi tío y a su familia, hecho que provocó un quiebre familiar. Mi tio consideró esto como una traición: sus sobrinos le estaban negando ayuda. Fue tal la disputa que esa decision provocó en mi familia, que mi padre cayó en una depresión que se mantiene hasta hoy”.
Ante esta situación, indica ella en ese papel, a Marcelo Calderón no le quedó otra opción que vender el 20% a Álvaro Saieh.

Para no perder el control, Andres, Lázaro y Maxo salieron a la bolsa a comprar un paquete accionario de 4,49% de Ripley. Tras eso, los Calderón Volochinsky acumulaban el 53% de la empresa; los Calderón Kohon, 12,5%, y otros accionistas, 34,5%.

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Actualización

Luego de que este reportaje fuera publicado, los hermanos Calderón Volochinsky enviaron el siguiente comunicado:

Ante el interés de algunos medios de prensa en relación a diferencias que se suscitaron hace algún tiempo, comunicamos que en base al respeto y cariño mutuo que siempre han prevalecido, los hermanos Calderón Volochinsky han resuelto sus diferencias en el seno familiar, recomponiéndose las confianzas mutuas.
Quedaron claros los hechos del pasado y se valoraron los largos años de exitoso trabajo de los hermanos.
Como familia de empresarios reafirmamos nuestro compromiso de seguir contribuyendo al desarrollo y bienestar del país.

Alberto Calderón C.
Patricia Volochinsky
Verónica Calderón V.
Andrés Calderón V.
Lázaro Calderón V.
Michel Calderón V.