Como académico de la Universidad de Chile y columnista, Alfredo Jocelyn-Holt se mantiene en la primera línea de opinión en lo que a tomas estudiantiles y movimientos sociales respecta. Después de publicar La escuela tomada. Historia / Memoria 2009-2011, el historiador refuerza aquí su crudo análisis.

  • junio 7, 2018

Por: Sofía García-Huidobro
Fotos: Museo de la moda

-¿Qué similitudes y diferencias ve entre la actual toma en la Universidad de Chile y la del 2009?

-Son muy parecidas en términos de activismo, militancia y el uso de la universidad como plataforma mediática para hacer visibles las reivindicaciones. La diferencia es que esta toma feminista me parece más ideológica. Curiosamente no apela a todos, es un feminismo que a veces puede expresarse favorable a una prescindencia masculina. En vez de sumar, resta.

-¿Cómo el machismo?

-Así es. Porque además no tiene muchos contenidos de orden filosóficos teóricos, uno pensaría que habiendo una toma feminista en una universidad existe detrás toda una reflexión que ha estado operando desde antes, y resulta que no.

-¿Este brote responde a un hastío acumulado?

-No. Creo que todos estos casos funcionan sobre la base de problemas reales: por supuesto que debe haber abuso, por supuesto que hay humillaciones. La pregunta es si se llegó a un punto límite como para decir “basta ya”. Yo creo que no.

-¿Considera entonces que hay demandas sobregiradas?

-Absolutamente. Y se corre el riesgo de que la politización y mediatización de las demandas puedan generar una banalización de reivindicaciones reales y válidas.

-¿Cuando dice que el movimiento está politizado se refiere a que hay fuerzas políticas concretas operando detrás?

-Fuerzas políticas nuevas que no son partidos políticos, que son una fracción de ese fenómeno inorgánico que son los movimientos sociales. Si tú comparas el 2011 con hoy, me parece que esto es una especie de facción de los movimientos sociales.

-¿Una derivada de lo que fue el movimiento estudiantil?

-Veo esto como una especie fragmentación del movimiento social porque no es inclusivo. En algunas votaciones no tiene igual validez el valor del voto masculino que el femenino. Aquí el ánimo es muy excluyente, entonces hay una contradicción fuerte. Sospecho que Karl Marx diría que los grandes temas son de orden social y económico, y no algo tan parcelado como un tema específico de un grupo de interés que incluso podría no ser equivalente a la causa de la mujer.

-¿Este grupo de interés distorsionaría la real causa feminista?

-Exactamente y podría ser contraproducente para avanzar en la causa de la mujer, cuya deuda es indiscutible.

-¿Cómo cree que se proyecta esta oleada?

-No hay garantía de poder mantener la dinámica de la línea ideológica, entonces habrá una pérdida de participación. La historia opera generalmente con dos o tres pasos adelante, y luego cuatro o cinco para atrás. El mejor ejemplo es la década del 60: tuvo avances extraordinarios en el progresismo de izquierda, pero después vino la dictadura militar, y eso son varios pasos atrás. Hay oleadas que pueden ser contraproducentes. Que nuevas generaciones intenten reivindicar banderas de los años 60 y 70, y los vuelvan a hacer pebre… Uno se pregunta: ¿los vamos a llorar de igual manera que a los primeros?

-O, siguiendo su lógica, tendrían que asumir la responsabilidad de no haber aprendido.

-Exacto. Cuánta es la capacidad de lamento cuando ya se hicieron las advertencias. La primera vez, dice Marx, la historia se repite como tragedia, la segunda vez es comedia.

-Pero sentirse los primeros es una característica de la juventud, cualquiera sea la época.

-No, es una característica de los viejos que siguen creyendo que los jóvenes son la fórmula de regeneración porque son más puros. Eso es falso y lo único que conlleva es a que los jóvenes sean carne de cañón. Ocurrió en las guerras mundiales, es parte del fascismo, del comunismo, ocurrió en los 60 y 70 en Latinoamérica, es la generación que ha estado gobernando en Chile y que sienten que como ellos no pueden hacer los cambios con la estructura política actual y entonces hay que hacer las demandas en la calle. Menciono a algunos con nombre y apellido: la señora Bachelet, Nicolás Eyzaguirre, Davor Harasic, José Zalaquett.

-¿Un error del progresismo?

-Un delirio del progresismo.

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